Ramadán y Ejercicio: La Hora Dorada de los EAU

Gimnasios y comunidades de corredores en los Emiratos Árabes Unidos viven un ritmo único durante el Ramadán. A medida que el atardecer se aproxima y el momento del iftar se acerca, los gimnasios se llenan y más corredores aparecen en las pistas al aire libre. La última hora o dos antes de romper el ayuno—frecuentemente referida como la 'hora dorada'—se ha convertido en el período más ajetreado para hacer ejercicio. Este marco de tiempo no se llama la hora dorada por accidente: ofrece liberación mental, beneficios fisiológicos y flexibilidad práctica a la vez.
El mes de Ramadán no se trata de perseguir el rendimiento, sino de buscar el equilibrio. Con el ayuno, el trabajo, las obligaciones familiares y religiosas, el ejercicio necesita redefinirse. La hora dorada en este sistema es una especie de compromiso: proporciona una oportunidad para moverse sin sobrecargar el cuerpo.
Psicología del Impulso al Final del Día
Para muchos, las horas finales del ayuno son mentalmente las más desafiantes. Los niveles de energía son más bajos, la concentración puede disminuir, y el cuerpo ya anhela líquidos y nutrientes. Es precisamente en este estado donde el ejercicio ofrece una experiencia única. El ejercicio durante este tiempo no es solo actividad física, sino también una distracción: ayuda a cambiar el enfoque del hambre y la sed hacia el ritmo, la respiración y el movimiento.
El poder de la hora dorada reside precisamente aquí. El ejercicio no interrumpe el trabajo a la mitad del día y no está relegado a altas horas de la noche cuando la familia toma prioridad. El movimiento al final del día, justo antes del iftar, proporciona un cierre mental: una persona siente que ha cumplido su objetivo diario y puede sentarse a la cena de la noche merecidamente.
Contexto Fisiológico: Niveles Bajos de Insulina, Uso Eficiente de Grasa
Durante el ayuno, los niveles de insulina son más bajos y las reservas de glucógeno están parcialmente agotadas. En tales condiciones, el cuerpo recurre más a las reservas de grasa para obtener energía. Este estado es particularmente favorable para ejercicios aeróbicos de intensidad baja a moderada. Una carrera ligera, una caminata rápida o un entrenamiento en circuito de intensidad moderada durante este tiempo puede resultar en una quema de grasa efectiva.
Otra ventaja de la hora dorada es el tiempo de recuperación. Poco después de terminar el ejercicio, llega el iftar, permitiendo una rápida reposición de líquidos y consumo de nutrientes. La rápida ingesta de agua, carbohidratos y proteínas puede ayudar a minimizar la degradación muscular y apoyar la recuperación. Esta combinación—esfuerzo controlado seguido de alimentación inmediata—le da a este período su carácter 'dorado'.
Dos Tiempos Pico Durante el Ramadán
Generalmente, durante el Ramadán, se observan dos momentos pico de actividad distintivos en los gimnasios. El primero es en la una o dos horas antes del iftar, y el segundo ocurre de una a tres horas después de la comida. Las dos franjas horarias sirven para diferentes propósitos.
Los entrenamientos antes del iftar son típicamente más ligeros, con un enfoque en actividades de construcción de resistencia. La concentración está en la calidad del movimiento, la técnica y la resistencia básica. En contraste, los entrenamientos después del iftar suelen ser más intensos: el desarrollo de fuerza, el levantamiento de pesas y los intervalos de mayor carga toman el centro del escenario. Durante este tiempo, la hidratación y el almacenamiento de energía repuesta facilitan una mayor intensidad.
Sin embargo, la popularidad tiende a inclinarse hacia la hora dorada. Esto es en parte práctico: muchos desean completar el entrenamiento antes de las actividades nocturnas. Además, ejercitarse al final del día estructura el día y proporciona una conclusión al ayuno.
Corredores y la Hora Dorada
Las comunidades de corredores son particularmente activas en este período. Para aquellos que se preparan para distancias de 5K y 10K, el Ramadán no es necesariamente un mes de máximas prestaciones sino más bien un tiempo para mantener la resistencia. Las carreras previas al iftar de 30–45 minutos a un ritmo fácil ofrecen un compromiso ideal. El esfuerzo no es demasiado intenso, pero suficiente para mantener la rutina.
Muchos informan sentirse 'más ligeros' al moverse con el estómago vacío. El cuerpo no está preocupado con la digestión, y el ritmo de los movimientos se vuelve más refinado. Sin embargo, las carreras de ritmo intensivo o sesiones de intervalos generalmente se ajustan mejor al espacio posterior al iftar cuando el cuerpo está hidratado y con energías recargadas.
Alternativa de Madrugada
Aunque la hora dorada domina, hay otra opción: un entrenamiento después de la oración de Fajr. En este caso, las personas consumen una comida ligera e hidratante de suhoor, y luego hacen ejercicio una o dos horas después. Este horario puede ser ventajoso para aquellos que deseen entrenar a mayor intensidad, ya que todavía hay oportunidad para la ingesta de líquidos y carbohidratos justo antes del esfuerzo.
Sin embargo, los entrenamientos matutinos tempranos vienen con riesgos. La falta de sueño, el esfuerzo excesivo o una recuperación inadecuada pueden llevar rápidamente a la fatiga. El mes de Ramadán no se trata de establecer récords sino de gestionar el esfuerzo sabiamente. Aquellos que optan por este horario deben prestar especial atención a los niveles de energía durante el día y a la calidad del descanso.
Eficiencia, No Facilidad
La popularidad de la hora dorada no proviene de que sea el momento más fácil para ejercitarse. Todo lo contrario: hacer ejercicio al final del ayuno requiere disciplina y autoconciencia. La clave del éxito es controlar la intensidad. El esfuerzo excesivo puede llevar fácilmente al agotamiento o la deshidratación, mientras que un entrenamiento moderado y estructurado conscientemente proporciona estabilidad y continuidad.
Durante el Ramadán en los EAU, la aptitud física no se detiene sino que simplemente se transforma. La filosofía de la hora dorada refleja bien esta adaptación: el ejercicio no es una competencia sino una herramienta para mantener el equilibrio. El movimiento al final del día, justo antes del iftar, ofrece beneficios fisiológicos, cierre mental y programación práctica.
Esta ventana de tiempo se ha convertido en la más concurrida porque encaja perfectamente con el ritmo del Ramadán. El esfuerzo controlado es seguido por un alimento inmediato, la exigencia física es concluida por la experiencia comunitaria, luego la cena familiar. En esta armonía reside el verdadero valor de la hora dorada: no es meramente una hora de ejercicio sino un cierre digno de un día conscientemente estructurado.
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