Ramadán Bajo el Cielo: Iftar en Montañas

Ramadán Bajo el Cielo: Caminatas de Iftar en las Montañas de los EAU
El mes de Ramadán es un tiempo de reflexión, autodisciplina y comunidad. En los EAU, un número creciente de personas ha optado por una forma única de romper su ayuno: no en restaurantes o en casa, sino en medio de las montañas, bajo el cielo abierto. Estas llamadas caminatas de iftar se han convertido en algunos de los eventos más apreciados entre las comunidades al aire libre, especialmente durante los meses más frescos cuando la naturaleza ofrece un verdadero escape del bullicio urbano.
Estas ocasiones no tratan sobre el rendimiento, los récords o las fotos en redes sociales. En cambio, representan esos raros momentos en los que uno puede alejarse del ruido diario y experimentar la esencia del Ramadán entre extraños que se convierten en amigos.
La Magia del Silencio Antes del Atardecer
Una hora antes del atardecer, los excursionistas se reúnen en el punto de partida con mochilas al hombro. No hay mesas decoradas, ni música fuerte, solo el aire que se enfría lentamente y la silueta de las montañas. A medida que se aproxima la hora del maghrib, el grupo se encuentra profundo en las montañas. Romper el ayuno es simple: agua, dátiles, unos bocados ligeros. Sin embargo, muchos dicen que esta simplicidad le otorga a la experiencia su verdadero poder.
La luz dorada del atardecer, el lento colorear del horizonte, y el eco distante del llamado a la oración crean una atmósfera que ningún entorno urbano puede replicar. Durante el iftar en la naturaleza, el silencio no significa vacío sino presencia. Las personas prestan atención entre sí, a su entorno y a sí mismas.
Formas Diferentes, Intento Común
Varias comunidades de excursionismo en los EAU ofrecen programas adaptados al Ramadán en diferentes formas. Algunas comienzan una caminata más ligera y a ritmo moderado antes del atardecer, rompen su ayuno en la montaña, y regresan a la ciudad más tarde para una comida más completa. Otras prefieren comenzar después de la oración de la noche alrededor de las 9 PM, cuando hay más energía y la primera comida ya ha sido digerida.
Las caminatas al anochecer son particularmente populares. Después de las 10 PM, muchos senderos cobran vida: las luces de las linternas serpentean por el costado de la montaña, los grupos conversan tranquilamente, y el sentido de comunidad es casi palpable. En este momento, el esfuerzo físico puede llevarse a cabo con seguridad ya que los participantes ya han comido y bebido. Sin embargo, el enfoque sigue siendo la renovación espiritual más que el logro atlético.
Algunas caminatas tienen lugar incluso antes del suhoor. Los participantes llegan a la cima antes del amanecer, toman los últimos bocados antes de que comience el ayuno, y parten con la luz del sol naciente. Esta forma es una experiencia especialmente intensa, ya que el tranquilo amanecer y la comida compartida crean una atmósfera especial.
Accesibilidad y Seguridad Ante Todo
Los organizadores ponen gran énfasis en hacer que las caminatas de iftar sean accesibles para todos. No son ascensiones extremas sino rutas fáciles o moderadamente difíciles que pueden completarse a un ritmo adecuado incluso mientras se ayuna. El tamaño de los grupos suele limitarse, especialmente si el descenso tiene lugar después de oscurecer.
Los informes de seguridad son parte de cada programa. Las presentaciones, explicaciones de la ruta, y el establecimiento del ritmo forman la base de la experiencia compartida. Los participantes incluyen no solo a aquellos que ayunan sino también a los que no lo hacen, pero se adaptan respetuosamente a los demás. Se abstienen de comer frente a quienes ayunan y aseguran que el espacio comunitario se mantenga en línea con el espíritu del Ramadán.
Comunidad Entre Montañas
Muchos informan que la mayor fortaleza de las caminatas de iftar reside en la experiencia comunitaria espontánea. Cuando el sol se pone, alguien pasa dátiles, otro ofrece un puñado de almendras, un tercero comparte su sándwich. La comida circula, al igual que las sonrisas. Sentados en la cresta de la montaña, lejos de las luces de la ciudad, las personas encuentran rápidamente un lenguaje común.
Después de una oración comunitaria, la caminata a menudo continúa por otra hora o dos, y luego concluye con una barbacoa en la montaña o un simple suhoor. La mayoría de los participantes sienten que estas ocasiones crean conexiones más profundas que un iftar tradicional en un restaurante. No hay ruido, ni prisa, ni distracciones del teléfono; solo el cielo, las montañas y la comunidad.
Alejándose del Ruido Urbano
Las principales ciudades de los EAU, incluidos Dubái, simbolizan el dinamismo de la vida moderna: luces, tráfico, reuniones de negocios, y presencia digital continua definen la vida cotidiana. Sin embargo, durante el Ramadán, muchos buscan conscientemente lugares para escapar de este ritmo.
Las caminatas de iftar ofrecen exactamente esto: entornos libres de contaminación visual y sonora. En las montañas, uno puede escuchar de nuevo sus propios pasos, sentir el movimiento del viento y prestar atención al ritmo de la naturaleza. Durante el ayuno, no es un obstáculo sino un catalizador. El hambre y la sed físicas agudizan la conciencia y dan un significado más profundo a la comida de la noche.
¿Por Qué Durante el Ramadán?
Muchos se preguntan por qué las personas eligen hacer excursiones durante el mes de ayuno. La respuesta, paradójicamente, es simple. El Ramadán no se trata solo de abstinencia sino de autodisciplina, experimentar gratitud y cohesión comunitaria. El tiempo pasado en la naturaleza fortalece los tres elementos.
El desafío físico —aunque moderado— hace que uno sea consciente de los límites de su cuerpo. Compartir una comida amplifica los sentimientos de gratitud. El silencio de las montañas ofrece una oportunidad para la introspección. Muchos participantes dicen que la simplicidad que experimentan durante las caminatas de iftar captura la esencia de lo que representa el Ramadán.
¿Una Tradición del Futuro?
Aunque la participación durante el Ramadán puede ser algo menor que en otras épocas del año, los organizadores dicen que quienes asisten toman una decisión consciente. No solo quieren hacer ejercicio sino experimentar algo que trasciende la vida diaria.
Las caminatas de iftar se están convirtiendo lentamente en una tradición dentro de las comunidades al aire libre de los EAU. Las tardes pasadas en las montañas, los dátiles compartidos, los colores del atardecer, y el silencio después de la oración proporcionan una experiencia que muchos recuerdan durante todo el año. En el ritmo de la vida moderna, estos momentos se vuelven especialmente valiosos.
El Ramadán bajo el cielo no es un espectáculo sino un regreso a lo básico. El encuentro de la naturaleza, la comunidad y las comidas simples nos recuerda que las experiencias más profundas suelen ser las más sencillas. Así, romper el iftar en las montañas de los EAU no es solo un programa, sino una especie de viaje espiritual —silenciosamente, juntos, bajo el cielo abierto.
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